Crónica del homicidio del periodista Max Rodriguez

¡Es Max!… ¡Es Max!…

Por Cuauhtémoc Morgan

Los Cabos (California).- Viernes 14 de abril de 2017. El ambiente en esa mañana era relajado, momentos antes consideraba si ir a la playa o estar de guardia ante cualquier evento de alto impacto que pudiera ocurrir. Me decidí por lo segundo.

Y es que en plenas vacaciones de Semana Santa la información suele escasear, porque todos estamos entretenidos si no en el aspecto religioso, en lo que más se usa entre las familias sudcalifornianas que es ir al mar.

La rutina no tuvo variaciones, hasta que por las redes ciudadanas de Whats App ingresa un aviso de disparos justo a las 11:50 de la mañana. Como suele ocurrir en estas situaciones, todo al principio es confusión, excepto el lugar.

— Es plaza comercial Soriana –Vete para allá, a ver si se puede confirmar –le dije a mi compañero Erick León por el canal de comunicación Zello.

De repente esos avisos supranaturales que tensan el ambiente y como un cincel y martillo te fijan en la mente que algo grave ha sucedido.

— ¿Que pasa? ¿Por qué no has llegado? –le insisto desesperado a Erick León de Noticias La Paz.

— Estoy atorado en el tráfico aquí por Carabineros, pero si es positivo, veo ya ambulancia y patrullas que van a la zona –me contesta apresuarado.

Es aquí donde el tiempo parece detenerse, hormigueo en mi piel. Me paro. Me siento. Camino. Reviso el teléfono de nuevo y en grupos de Whats App se recibe confirmación de un ataque armado contra el conductor de un vehículo a la entrada de la tienda City Club.

Y enseguida el golpe: ¡Le dispararon a un reportero!

Trato de conservar la calma. En esos momentos me encontraba solo en oficina. Camino de un lado a otro y comienza esa taquicardia incesante. Respiro profundamente para contener mi desesperación y viene la noticia demoledora, lo que nunca deseas escuchar.

–¡Le dispararon a Max Rodríguez! ¡Es Max Rodríguez! –Dice José Luis Villafuerte otro compañero por el sistema Zello.

No me quiero sentir mal. Comencé a platicar como nunca con mi yo interno. Calma. Calma. Sigo caminando y respirando profundamente.

— ¡Por favor, hay un compañero caído, por favor necesito que me confirmen si es Max Rodríguez! –digo desesperado por el canal de Zello que tenía espacios de silencio cortos pero para mi eternos.

— Es Max, es Max. Estoy viendo a la señora Raquelito ahí, creo que está bien la señora, pero Max está muerto –Contesta José Luis Villafuerte ya al borde de las lágrimas.

Un verdadero corto circuito ocurre en mi mente. Me apresuré a salir, a caminar, correr sin rumbo. Dar una vuelta a la cuadra. ¡El golpe ya estaba dado!

Pero regreso a la oficina. Debo de escribir. ¿Cómo escribir si no puedo? Mis dedos no me obedecen, no puedo articular mis ideas. ¡No me puedo mover! ¿Qué hago? ¿Llorar? No me siento bien.

— Confirmado, es Max Rodríguez –Confirmado, es Max Rodríguez –escuchaba a mi amigo Erick León en un eco lejano. Mis brazos entumecidos. ¿Es infarto? No creo. Respira, calma.

De inmediato los recuerdos como película a toda velocidad se me presentan con episodios de la larguísima amistad que tuve con Maximino Rodríguez Palacios, mi vecino en La Paz y su regreso a los medios que ocurre en Colectivo Pericú el 20 de noviembre de 2014 cuando escribe su primer nota policiaca sobre una balacera en el retorno Aguacate de la colonia Infonavit.

Como reportero profesional, Max inició con la cobertura de muchos eventos de riesgo y a los pocos meses fortalece una gran amistad con los compañeros de la nota roja. Siempre atentos, caminando juntos por callejones oscuros, subiendo cerros, persiguiendo a patrullas y ambulancias.

Yo desde Los Cabos y ellos en La Paz, siempre unidos y en comunicación constante.

–Hermelinda, necesito que vengas por favor. Mataron a Max Rodríguez me confirman en La Paz, no me siento bien. –Apresuré a mi esposa vía telefónica, necesitaba de su asistencia.

–¡Pero cómo! ¡No puede ser!… ¡Voy para allá contigo! –me dice.

Yo seguía con sudor frío, taquicardia, entumecimiento en mis brazos. Fui al teclado y como pude redacté la nota más complicada de mi vida.

Y como flashazos llegaban uno tras otros los recuerdos de esa película interminable. Las kilométricas llamadas telefónicas que tuve con Max, para recordar tiempos pasados, sus inicios en la radio, de los momentos de risa, de su amor a su esposa Raquel Romo y sus aventuras como reporteros. Eran largas charlas en las que ni uno ni otro deseábamos colgar, pues cada anécdota se ataba con otra y así se nos iban los minutos.

Termino la nota. Sigo respirando profundo. Conservar la calma. Grabo un video reprobando el crimen. No termino de mirar las fotos y de nuevo otra vez esas ganas de salir a caminar sin rumbo fijo. ¿Qué hago? ¡No puedo más!

Desde entonces, amigo Max, sigo caminando esperando algún día volverte a encontrar. Que me sigas platicando… ¡Cuánto te extraño!

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